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viernes, 4 de marzo de 2022

La guerrera de Birka

Volvemos a la era vikinga (750-1050 dc) para hablar de uno de los hallazgos realizados en la excavación de Birka, en la isla de Björko, Suecia, donde se levantó un centro urbano de primer orden fundado alrededor del año 750 que se mantuvo en pie unos 200 años, y que albergó una población de entre 700 y 1000 personas.

 
 
 
 
En la zona del sitio existen numerosos cementerios que entre todos contienen unos 3000 enterramientos visibles, y otros muchos identificados mediante procedimientos geofísicos.

 

 

En 2017 se publicó un artículo sobre una de esas tumbas en concreto, que por diversas razones cobra una especial importancia para avanzar en la comprensión del mundo del momento.

En dicha tumba se encontraron los restos de un adulto, dos caballos, uno de ellos preparado para la monta, una espada, un hacha, un cuchillo, puntas de lanza, puntas de flecha, umbos de escudo y algunos objetos de vestuario y de la vida cotidiana.

Tradicionalmente se había considerado a la persona enterrada en Bj.581 como el prototipo de vikingo, pero los estudios han revelado que el cadáver allí encontrado se trata de una mujer biológicamente hablando.

De las más de 1100 tumbas excavadas en Birka, solo 75 contienen una o más  armas y, la tumba bj.581 concretamente, es una de las dos como un set completo de armamento, encontrándose entre las 20 más ricas de todo el sitio.

 

 

La inusual concurrencia y variedad de armas sugieren el equipamiento de un profesional, probablemente un arquero a caballo capaz de desplegar un significativo repertorio de técnicas de lucha. 

Esto implica en sí mismo habilidad y un considerable gasto: equipamiento de guerra de gran calidad hecho para alguien de un alto estatus social.



 

 

Entre las pertenencias también se encontraba un set completo de juego, y su emplazamiento deliberado próximo al cuerpo sugiere que se podría tratar de alguien con un rol de mando.



 

Los restos de ropa del individuo también han sido analizados dando como resultado que la persona en Bj.581 fue un comandante a caballo bajo la inmediata autoridad de un jefe de guerra con cargo de rey.

Asimismo nos encontramos un gorro borlado particularmente inusual, cuya manufactura podría haberse realizado en Kiev, y que era el tipo de gorro hecho para la casta dirigente de la sociedad.

A este respecto conviene remarcar que la cultura material de la élite guerrera en Birka ha sido objeto de un extenso estudio en sí misma, mostrando claras influencias de la esfera cultural del Rus.

Teniendo todo esto en cuenta, se han elaborado posibles acercamientos tanto a lo que podría haber sido originalmente el propio enterramiento, como a la imagen que podría haber tenido la persona enterrada en Bj.581.


 

 

Con el trasfondo trabajado ya tengo contexto para mostrar la reproducción que hice del cuchillo de esta señora tan noble y tan guerrera ella.


De esto partimos, la hoja y los restos metálicos de la vaina por los que se supone que este cuchillo iba portado horizontalmente.

El cuchillo tiene una hoja larga y fina, si bien en mi caso no la hice excesivamente larga y opté por ponerle varilla interior para que fuese más difícil que se enganchara al meterlo, lo que le daba una forma más "gordita". 





La fabricación fue de la misma manera que el seax aunque a este no le puse protección de espuma en el extremo del mango, ya que es muy pequeño y no había necesidad real.

Peeero este tipo de cuchillos son más conocidos por sus vainas, la cual haría en cuero repujado al que daría forma con agua y que posteriormente decoraría con detalles metálicos.

 








 

 

 

 

 Un color llamativo..




Unos detalles metálicos...





 

 Y unos toques finales para tener un buen complemento.

 

 


...y no se va a salir sin querer...


 
Cuchillo listo
 

Esta foto es ya conocida pero llevo tantas cosas encima que me vale para todo
 

El guerrero de época histórica fluida 😆

martes, 5 de octubre de 2021

Sobre pueblos de caballo y arco – parte 2

Continuamos en nuestro viaje por las tierras esteparias de Europa oriental en esta reconstrucción (en la medida de las posibilidades, claro) de un casco Ávaro. En la entrada anterior montamos la base usando láminas de acero alargadas superpuestas unidas entre sipor un cordel.

 En esta nueva entrada remataremos los detalles de la base, añadiremos la placa frontal, la tapa superior, el enganche del copete, las carrilleras y haremos todo el trabajo de cuero, el suspensor, el barboquejo y el forro de las carrilleras, la tireta definitiva de la base. 

 

 

 

 

Teniendo nuestra forma básica ya finalizada, continuamos con la placa frontal que se compone de dos piezas: una plancha curvada que protege la frente y un protector nasal que en su parte superior tiene la forma de las cejas, ambas unidas por remaches de acero entre si y al caso propiamente dicho.

Esta pieza no tenía más dificultad que cortar y lijar las formas de la cejas, pero salvado este escollo, lo demás fue fácil. Para ayudar a la integridad del nasal le daría una ligera forma convexa, que más o menos seguiría la silueta del casco en ese punto.

 

Con la placa frontal terminada, marqué su forma y corté los rebajes en el propio casco de manera que no estorbase a la visión, ya que la idea era que la línea inferior del casco llegase a la altura de los ojos, lo que creaba la necesidad de dicho rebaje para no impedir la visión. Con esto ya podíamos montar el casco con la placa frontal y empezar con la tapa superior y el anclaje del copete.

 

 En investigaciones y conversaciones posteriores me enteré que la reconstrucción en la que me estaba basando era incorrecta en el tema del ahuecado de los ojos, ya que en la realidad el hueco era más pequeño y estaba más junto, un poco al estilo de otros que he visto en los Otomanos-Turcos.


En la parte superior, se había quedado una forma rara que corté en línea con la base, y cuando ya estaba todo bonito me puse con tapa de esta parte superior del casco. Dado que no dispongo de herramientas ni lugar para calentar el metal, decidí que la mejor manera de hacer media esfera era haciendo dos cuartos de esfera y uniéndolos. 

 

 

 Con persuasión martilleante logré hacer mis dos cuartos de esfera y los uní con una tira de cuero pegada y todo cosido con hilo grueso. Hice los miles de agujeros en las laminas superiores y en la tapa para poder coserlo al casco y lo presenté. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La pieza que terminaría de darle cohesión al conjunto y me permitiría plantarme el casco el la cabeza con un mínimo de comodidad sería el suspensor. Unas tiras de cuero atadas con un cordel que podría regularse en altura en función de la cofia que llevase o en caso de que lo usase alguien con distinta media de melón.

 

Lo saqué de una pieza de cuero de cabra y me daría un buen dolor de cabeza ya que la medida la tomé con el encordado en paracord, que tiene cierta elasticidad, pero al poner el definitivo que era tireta mucho más fina e inelastiva, las medidas cambiaron y hubo que hacer bastantes ajustes en el suspensor. Al final se pudo apañar y no se nota en el resultado.

 

Como ya he dicho, el encordado se haría usando tireta sintética reforzada, marrón para el casco y negra para el borde inferior, mientras que la unión de la placa frontal y de la tapa superior los haría con hilo grueso encerado (una risa meter la aguja entre tanto agujero metálico y no siempre coincidentes).


Las carrilleras tendrían una ligera forma convexa para adaptarse al óvalo de la cara, y estaría forradas en cuero por la parte interior. Tendrían unos agujeros tanto en su perímetro con en la zona central, y los uniría al casco usando tireta de manera que quedase ceñido contra el borde inferior pero con cierto rango de movimiento. Tras las carrilleras colocaría las correas del barboquejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estaba todo muy bien salvo esa costura central de la tapa superior. Cuanto más la miraba menos bonita me parecía, de modo que finalmente me lancé a hacer una semiesfera de una sola plancha. El primer intentó no fue bien, ya que de tanto forzar terminé sacando una raja en la pieza, pero de los errores se aprende y a la segunda saqué una forma bastante limpia y redondeada. 

 

 

Para el anclaje del copete usaría un tornillo y dos tuercas, lijando las partes vistas hasta dejarlas redondeadas.

 

 

 

El casco ya estaba listo a falta de dos pequeños detalles, la cola y el protector de nuca, pero esto lo dejamos para la última entrega.

jueves, 5 de agosto de 2021

Con faldas y a lo loco

 

En la loca batalla a lo largo de los siglos entre los medios de agresión y los de defensa personal, se han ido sucediendo muy diversas soluciones para proteger las zonas más complicadas. En tiempos ancestrales las armaduras, ya fueran de metal o de fibras vegetales o animales, cubrían básicamente el pecho y/o la cabeza. Las siguientes zonas que comúnmente se cubrían eran los antebrazos y las piernas. 

 

En estas zonas la protección tendía a ser una plancha de material, con la forma ligeramente acomodada y atada al cuerpo por el medio que fuese, pero entre estas zonas quedaban muchos huecos sin cubrir, especialmente las articulaciones, que eran muy complejas de proteger precisamente por su movilidad. 

 

El primer gran avance para cubrir correctamente estas zonas fue la cota de malla. Un tejido que se podía deformar, pero que a pesar de ello mantenía sus características de protección.

 

El siguiente paso fue unir pequeñas piezas de metal entre si por cordones formando una suerte de manta metálica. Esta solución, muy extendida en el este, ofrecía una protección decente pero era bastante aparatosa y pesada.


La solución definitiva llegaría con las articulaciones metálicas. Gracias a un profundo estudio de la anatomía humana y al avance de las técnicas de trabajo del metal, se logró unir planchas de metal que quedarían ceñidas al cuerpo y se amoldarían al movimiento ofreciendo movilidad y protección.

 En este sentido podemos pensar en las protecciones de las rodillas, o incluso en los guanteletes armados, especialmente los de estilo gótico, como buenos ejemplos de protección de acero para zonas complicadas, pero hay otra zona dificil y esa zona es la cadera.

 

Hasta el siglo XIV la cadera se había protegido con cota de malla en el mejor de los casos, pero a finales de este siglo empezó a aparecer en Europa lo que se conocería como faldón o falda. 

Esta protección comenzaría en la cadera anatómica (el hueco entre las costillas flotantes y las crestas de la cadera) donde termina la protección de la coraza, y podría tomar multitud de formas y tamaños desde faldas que se abrían en cono como si fuese una suerte de andador medieval, hasta los estilizados faldones de las armaduras de estilo gótico que cubrían poco más que las crestas ilíacas y el bajo vientre.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los faldones se componían de láminas de metal colocadas horizontalmente cubriendo la mitad del cuerpo y unidas a otra lamina que cubría la otra mitad. Se sostenían verticalmente por remaches o por correas y una vez cerradas ofrecían un cono de protección que permitía prácticamente toda la movilidad. Las más restrictivas eran las que más bajaban quedando pegadas a las piernas, ya que están no permitían apenas la apertura de las piernas.

 


Los faldones de mi coraza estarían inspirados en la armadura Avant, de la colección de R.L.Scott, en Glasgow (imagen de portada), y digo inspirados porque como veremos distan mucho de ser igual. En mi caso, y fruto de la experimentación sobre la marcha en función de los resultados, la parte delantera y la trasera tendrían distintos modos de articulación y suspensión y por ello tampoco se encuentras unidas las placas delanteras a las traseras.


Veamos el recorrido de la forja de estos faldones:


Lo primero que habría que hacer es sacar las plantillas de las láminas. Esto podría parecer fácil hasta que te pones a pensarlo, ya que no son láminas apiladas en un eje vertical, sino que la falda en si es una sección de cono, por lo que la plantilla a sacar no es una línea recta, sino curva. Cuando más se separe de la línea recta, más pronunciado será el ángulo del cono. Otra cuestión a este respecto sería que si partimos de la cintura natural, cada lámina tendrá que tener una curvatura distinta ya que tendríamos que ir siguiendo el contorno de la cadera, pero esto a mi no me daría mucha guerra ya que mi coraza no es histórica y por tanto termina en la cintura moderna, no en la anatómica, y el faldón tiene un ángulo prácticamente uniforme.

 

 

Una vez las plantillas están hechas, cortamos las láminas del chapón de galvanizado de 1mm con tijeras de chapa. Para quitar las arrugas del corte aplicaría cariño con el martillo de nylon sobre un tocón de madera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La primera lámina, la que conectase el faldón delantero con la coraza, es la más complicada por el cambio de ángulo que antes comentaba. Venimos de una coraza que termina vertical y pasamos a una falda que tiene una cierta inclinación por lo que nos viene una situación complicada para un wannabe herrero nóvel, hay que formar una “curva dentro de una curva”. Si la lámina fuese recta, sería un solo eje de doblado, no habría problema, pero al formar una curva, el perímetro resultante va a ser mayor en la zona inferior que en la superior, y por tanto habrá que estirar el material según nos aproximamos al borde inferior de esta lámina.

 








 

En una armadura real esto habría que tenerlo muy en cuenta ya que el material se vuelve más delgado y por tanto su capacidad de protección disminuye. En mi caso eso es despreciable, y me pude centrar en sorprenderme de lo que bien que estira una lámina de tan solo 1mm.


Las siguientes láminas son mucho mas sencillas y sólo hay que seguir la linea de la primera. Las presenté y fui ajustándolas entre si para que no quedaran huecos y el ajuste fuese lo mejor posible. Esto esta muy bien, y lo vería más tarde, cuando las unes por remaches, pero en este caso la unión vertical sería por correas y debido a los remaches que sujetan las correas, ese ajuste tan bueno caería en saco roto.

 

  

Cuando tenía todo al gusto, lijé las láminas y volteé el borde de la inferior, coloqué las correas, y presenté. Resultó que el ángulo era muy pronunciado y sobresalía mucho hacia delante. 


(Como puede apreciarse, en esta primera aproximación la curva sobresalía mucho por delante)










(En esta imagen se puede ver lo bien que se amolda este timpo de sujección vertival a los movimientos de las piernas, al menos en el eje vertical)







 

Para solventarlo primero hice un “remetido” de la zona más delantera, lo cual tuvo su aquel para ir acomodando todas las láminas, ya que cada vez que tocaba algo había que revisar como interactuaban todas a su vez. Tras esto seguía sin convencerme el ángulo, así que lo apañé sobre la marcha colocando el faldón en la posición que me gustaba y marcando la línea vertical que proyectaba desde la coraza en las láminas. Corté el sobrante y ajusté de nuevo. Además, para quitarme la sensación de proyectar en la zona más delantera, le hice una forma concava, que aparte de ayudar a este efecto visual le daría mayor rigidez a las laminas, pero claro, a coste de muucho ajustes hasta lograr que todo cuadrase. 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Era un poco apaño, y se nota en que la separación entre las láminas no es homogénea, pero bueno, el resultado quedaba pintón. Al respecto de la unión por correas decir que es muy cómoda, las láminas se amoldan muy bien al movimiento aunque es bastante ruidosa si tienes que correr.


Como primer contacto con el modelado a martillazos de acero ha estado bien, el resultado es bastante aceptable y funcional. El resto, os lo contaré otro día.